¿Había laicos al principio?
Publicado por bartolomeamigoniano en Junio 2, 2008
En el Nuevo Testamento no aparece nunca la palabra “Iaikós” para denominar a los que siguen a Jesús. Se habla de “creyentes”… y, sobre todo, de “hermanos”. Aunque el término está ausente, el N.T. aplica a toda la comunidad las características que en el A.T. quedaban reservadas a lo más sagrado del Pueblo de Israel, (Templo, sacerdocio…). Por Cristo toda la comunidad (y no sólo un grupo) son pueblo, “laós”, sacerdocio real, nación consagrada, propiedad querida de Dios. (Cfr. 1 Pe. 1.9). La distinción no se establece entre ministros y no ministros dentro de la comunidad, sino entre pueblo y no pueblo. Esta unidad radical está sazonada por una rica variedad de dones y carismas suscitados por el Espíritu de Jesús. Este mismo Espíritu preside la mutua subordinación de los carismas en el amor y garantiza la existencia de una dirección dentro de la comunidad (1). La acentuación de la unidad frente a la distinción dentro del pueblo de Dios prevalece sustancialmente en los tres primeros siglos. La Iglesia se asoma al balcón de la historia presentándose como alternativa y fermento. La sociedad helenista y romana la rechaza y persigue. La comunidad experimenta en carne viva y martirial la novedad de su mensaje en tensión con el mundo circundante. (2). Aunque prevalezca en estos siglos el aspecto comunitario (radical unidad) sobre el jerárquico (diferencias internas), no significa que no exista una organización interna. El conjunto de los bautizados que no participan de un ministerio jerárquico se comienza a distinguir de la estructura jerárquica de la comunidad. A finales del siglo I, encontramos el término “laico” para designar al pueblo en cuanto distinto de los ministros del culto. (3). Ya desde finales del siglo I, encontramos, y con creciente intensidad, cómo las comunidades cristianas se articulan jerárquicamente en torno a sus Obispos. A principios del tercer siglo cristiano, aparece el término “clero” para designar al grupo de los ministros de la comunidad. (4). Este proceso de organización no significa que el clero acapare los carismas y ministerios. La tarea de la evangelización es obra de todos y abundan los profetas y evangelizadores laicos itinerantes. Laicos son los primeros teólogos y defensores del cristianismo. (Justino, Taciano, Tertuliano…). Conocemos incluso, la existencia de ministerios femeninos dentro de las comunidades. En Siria, por ejemplo, existían diaconisas para bautizar a las mujeres ya desde el siglo II. Hipólito, en Roma, nos habla de un “orden de viudas” (siglo III) cuyo ministerio estaba ligado a las obras existenciales dentro y fuera de la comunidad. (5).